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Las cofradías eran corporaciones que estaban bien organizadas en las diferentes capas sociales, tenían mayordomos encargados de dirigir las finanzas, controlando todas las formas de entrada económica. En la sociedad española estaban constituidas para fines religiosos en asociación, para obras pías, en Nueva España fueron instaladas tempranamente  durante el gobierno de Hernán Cortes.

En términos generales estas estaban conformadas por personas de todos los estratos sociales que se vinculaban a los conventos establecidos en las poblaciones. La población creía fielmente en estas instituciones sociales para poder tener un orden en su participación religiosa y social, generando que muchos difuntos y difuntas dejaran en sus testamentos bienes y dinero para sus arcas, como lo demuestra el ejemplo de una mujer de la villa de Tegucigalpa llamada María Thomasa Rivera, quien dejó en sus testamentaria 1,000 pesos para la Archicofradía del Santísimo Sacramento de la villa tras su muerte en 1808, por ello las autoridades dictaminaron en marzo de 1810 que el hijo de dicha mujer, Esteban Travieso, pagara el dinero con un cinco por ciento de acuerdo a la Real Programática de censos efectivos desde el 1º de diciembre de 1808, poniendo en garantía su casa ubicada en la plaza mayor de Tegucigalpa.  

En la historia de Tegucigalpa las corporaciones religiosas o cofradías estuvieron presentes todo el tiempo, estas existieron desde la edad media en Europa, básicamente relacionadas al santo sepulcro y guardianes de santos y mártires, con los siglos pasaron a ser organizaciones piadosas patrocinadoras y auxiliadoras de representaciones divinas. A lo largo del periodo colonial existieron en la jurisdicción de Tegucigalpa importantes cofradías que mantendría la vistosidad barroca en los espacios públicos, de las que se tiene información, tenemos hacia principios del siglo XVIII:
 
- La cofradía de nuestra Señora del Rosario del convento Mercedario
- La cofradía de Jesús de Nazareno del Real de Minas de Tegucigalpa
- La cofradía del Real de Minas de Tegucigalpa
- La cofradía de nuestro Señor San Miguel  Arcángel de Tegucigalpa
- La cofradía del Señor de la Santa Veracruz de Tegucigalpa 
- La cofradía de nuestra Señora del Rosario de Oxoxona, pueblo aledaño al sur de Tegucigalpa
- La cofradía de nuestro Señor Crucificado de las Mercedes de Santa Lucia, pueblo cercano a la villa de Tegucigalpa (noreste) 
 
La entrega devota de personas como María Thomasa Rivera, eran comunes en la historia colonial iberoamericana, garantizando las relaciones sociales en sus debidas dimensiones, con sus estratificaciones definidas por su condición “racial” –que era hacia finales del periodo colonial una condición jurídica y determinada por capacidades económicas las “limpiezas de sangre” tenían el objetivo de movilidad socio-económica ascendente- evidentes en los espacios de socialización, en el principal de ellos, la iglesia, donde las elites tenían su parroquia principal y la plebe igualmente, en el caso de la villa de Tegucigalpa los “blancos” asistían a la parroquia San Miguel en la plaza mayor, mientras los mulatos, indígenas y mestizos asistían a la iglesia Los Dolores en la plaza del mismo nombre.  
 
Hoy en día la iglesia promulga la aceptación de la jerarquización social y es parte de los mecanismos de dominación social, además asume desde su cúpula el detener los avances hacia una sociedad más democrática. El lector debe reflexionar la importancia de construir una sociedad democrática, donde la tradición no sea un obstáculo para su desarrollo.